(Cualquier detalle de este cuento que coincida con la realidad es pura coincidencia)
Había una vez en un pueblecito de la provincia de Cádiz un alcalde que se llamaba Patricio Mevoy Andayá (1). En una ocasión, su partido le dio un tirón de orejas porque se estaba pasando un pelín. Este alcalde se estaba desmadrando y para que esto no ocurriera se inventaron una nueva normativa interna: Los alcaldes no pueden ser candidatos a diputados y senadores.
Pero de nada sirvió. Patricio, que era muy listo y que de malicia estaba sobrado, primero luchó contra el aparato del partido: “eso vale para los demás pero no va conmigo” pero viendo que no podía, aguzando el ingenio, hizo que creyeran que iba a cumplir con la nueva norma.
Llegada la fecha tope de dimitir del cargo, mandó una nota a la prensa para que dijeran que había presentado la carta de dimisión en un sobre cerrado por la tarde en un buzón del Ayuntamiento. El aparato del partido se tragó el anzuelo y lo dejaron en paz.
En el Ayuntamiento nadie sabía nada de la virtual dimisión publicada en la prensa. A lo mejor había dejado el sobre mitad dentro y mitad fuera y con el levante, la carta había volado.
Los funcionarios buscaban y buscaban pero la carta que mencionaba el diario de Cádiz no aparecía. “¿Cómo se habrán enterado estos periodistas? ¿será verdad? ¿será otro de los inventos a los que nos tiene acostumbrado nuestro primer edil?”se preguntaban los funcionarios.
Pasaban los días y las noches, la oposición estaba mosqueada, “¿cómo que no convoca el pleno que según el Reglamento tiene que convocar en el plazo de 10 días?”. Preguntaban por la dichosa carta pero nadie sabía nada de ella.
El señor Mevoy se frota las manos y con una sonrisa maliciosa farfullaba: “los tengo acojonaos. A intrigante no hay quien me gane. Imbéciles, ¿no os dais cuenta de que soy un experto saltándome las normas?. Me cachondeo de todos. Los plazos los marco yo. Ji, Ji, Ji”.
Así fue, puso los plazos que a él le convino de manera que el nombramiento del futuro alcalde cayera después de la fecha de las Elecciones Generales, de tal guisa que si no sale elegido de diputado vuelve a ser alcalde del pueblo de su propiedad.
Aquí termina el cuento de Patricio Mevoy Andayá, experto en planes virtuales.
- Nombre: clase social a la que pertenece.
Primer apellido: por lo que dice.
Segundo apellido: ¿te lo has creído so tonto?



Hace unos días pensando en el puente del Celemín y en los buenos recuerdos que tenemos de él, pensaba lo bueno que seria tener una foto del antes.Parece que me han leído el pensamiento, e Irene me envía una foto preciosa.Recuerdo cuando la romería era el 15 de Agosto ,como la gente se bañaba en el charco de Curra y recuerdo a algún loco arriesgado lanzarse desde arriba al agua.Buenos recuerdos.En verdad para los que vivimos cerca , la pérdida de este puente supone mucho más que la pérdida de un monumento.Por esas piedras hemos pasado todos cuando la carretera antigua atravesaba lo que ahora es el embalse del Celemín.Un puente es al lazo de unión entre dos lados.Ese puente es el lazo que une el pasado rural que tuvimos con el presente más urbano y menos sano que tenemos.Saludos y gracias...

